Resulta oportuno considerar
los comienzos del movimiento juvenil de la Iglesia Adventista, ocurrido
en el año 1879. Precisamente este movimiento surgió con las
cuatro fases mencionadas. Investigaciones recientes revelan que los jóvenes
Harry Fenner y Luther Warren, celebraban la reunión de oración
que encendió la chispa de este movimiento juvenil, y los padres de
los jóvenes de la iglesia de Hazelton, Michigan, mostraron preocupación
por sus hijos. El registro de esa antigua iglesia revela que en una junta,
los padres discutieron cómo podrían ayudar a sus hijos adolescentes,
y acordaron pedir a los padres de Harry y Luther a otros hermanos que hablaran
con los jóvenes y los animaran. La profecía de Malaquías
4 se cumple cuando los corazones de los padres se tornan a sus hijos, y
viceversa.
No mucho tiempo después, Harry, de 17 años, y Luther, de 14,
respondiendo, sin duda, a las oraciones y el amor de sus padres, decidieron
que había llegado el momento de hacer algo por otros jóvenes
de la iglesia. Saliendo del camino polvoriento en que habían estado
caminando, saltaron la cerca del ferrocarril y se arrodillaron en oración,
comunicando al Señor su preocupación y pidiendo la dirección
del Espíritu Santo.
Su preocupación fue demostrar interés en sus amigos, y sintieron
que era el momento de tener una reunión y ver lo que podrían
hacer para involucrar a otros jóvenes en un programa de testificación
más efectivo.
La primera reunión se celebró en el dormitorio de Luther Warren,
con la asistencia de otros jóvenes varones. El programa y los puntos
de discusión en esa primera reunión fueron: ¿Cómo
podrían terminar la obra de la predicación del evangelio?,
¿Qué podían hacer para apresurar la venida de Cristo?
y ¿Qué harían para recaudar fondos? A raíz de
esa sesión, promovieron la obra misionera y recaudaron fondos para
adquirir publicaciones misioneras, y así salieron a esparcir las
buenas nuevas. Poco después, el lugar de reunión se trasladó
del dormitorio de Luther a la habitación de enfrente, y se añadieron
las muchachas a la feligresía, ya que en las primeras reuniones no
se les permitió participar, pero ahora serían parte de la
primera Sociedad de Jóvenes de la Iglesia Adventista.
Trece años después, en Wisconsin, otro joven, Meade MacGuire,
se sintió preocupado también por los jóvenes de su
iglesia, y empezó a celebrar reuniones similares.
Cuando los miembros de la junta se enteraron, sacudieron la cabeza y los
dedos, exclamando que ya tenían suficientes problemas con los jóvenes
aun sin tener reuniones especiales para ellos. Pero el anciano de la iglesia
de más edad ofreció apoyo a Meade, y le dijo que siguiera
adelante, que él trataría de que no se prohibieran las reuniones
de jóvenes.
El joven MacGuire no sabía nada de las reuniones de Hazelton, lo
que indica que el Espíritu de Dios estaba despertando a la juventud
para que hiciera algo por sus compañeros de la iglesia.
Ese mismo año, el 19 de diciembre de 1892, Elena G. de White recibió
un mensaje del Señor relacionado con la obra a favor de los jóvenes.
Ella escribió desde Melbourne, Australia, las siguientes palabras:
“Tenemos un ejército de jóvenes que pueden hacer mucho
si fueran debidamente dirigidos y estimulados. Queremos que nuestros hijos
crean la verdad. Queremos que reciban la bendición de Dios. Queremos
que tomen parte en planes bien organizados para ayudar a otros jóvenes.
Que se preparen para que puedan representar la verdad en la forma correcta,
dando razones de la esperanza que hay en ellos, y honrando a Dios en cualquier
ramo de la obra que están calificados para hacer” (Boletín
de la Asociación General, 20 y 30 de enero de 1893).
Pocos meses después, llegó un segundo testimonio, pidiendo
que se organizaran grupos de jóvenes para salvar a las almas de la
ruina. La instrucción fue la siguiente: “Que se organicen grupos
en las iglesias para realizar esta labor” (Sings of the Times, 29
de mayo de 1893).
En octubre se hizo más clara la clase de organización que
ella tenía en mente: “Que se organicen grupos parecidos a los
de la Sociedad Christian Endeavor” (extracto de cartas de Elena de
White, en relación con la obra médico-misionera, 2 de octubre
de 1893).
Entre 1879 y 1901 empezaron a surgir sociedades de jóvenes en muchos
lugares. En 1893 se organizó en Lincoln, Nebraska, la Sociedad de
Jóvenes para el Servicio Cristiano; y en 1894, Luther Warren empezó
a organizar “Bandos de Alegría” en Dakota del sur. En
1896, se celebró una convención de estos grupos en Bridgewater,
Dakota del sur, y empezó a publicarse en Omaha, Nebraska, una revista
llamada Sunshine (Rayos de Sol), para promover el interés que había
en torno a estas actividades.
En 1901, la Asociación General pidió al Departamento de la
Escuela Sabática, bajo la dirección de la señora Flora
Plummer, que atendiera la obra de los jóvenes a nivel de la Asociación
General. En 1907, fue aprobada la formación del Departamento de Jóvenes
de la Asociación General. En el congreso de la misma, celebrado en
Gland, Suiza, se nombró a M. E. Kern como director y a Matilde Erickson,
como secretaria. Durante el verano de ese mismo año, se reunieron
en Mount Vernon, Ohio, unos 200 delegados para celebrar una convención
de jóvenes con el fin de elegir el nombre oficial de la organización
y presentar otras recomendaciones. Allí se adoptó el nombre
de Departamento de Jóvenes Misioneros Voluntarios de la Iglesia Adventista
del Séptimo Día, el cual se conoce más comúnmente
como Departamento [Misionero Voluntario] MV, y se acordó poner en
marcha el plan de la devoción matutina y los cursos de lectura, hoy
conocidos como el “club de libros”.
Con el paso del tiempo, se identifica el nombre de “Misioneros Voluntarios”
con las siglas MV, y las reuniones locales de los jóvenes se empezaron
a llamar Reuniones MV. El departamento recibe su nuevo nombre, Departamento
de Jóvenes Misioneros Voluntarios (JMV), en el año 1970.
En 1979, se da un nuevo cambio; se le llama ahora Departamento de Jóvenes
Adventistas. Y este nombre sigue vigente hasta hoy. La sigla anterior fue
cambiada, entonces, por la de JA, o Jóvenes Adventistas. A pesar
de estos cambios, los ideales de los jóvenes adventistas siguen siendo
los mismos.
El Departamento de Jóvenes ha conservado un blanco, un lema y un
voto.
El blanco de la Sociedad de Jóvenes Adventistas revela la preocupación
de Luther Warren y Harry Fenner, protagonizada en 1879:
Blanco: “El mensaje del advenimiento a todo el mundo en esta generación”.
La fuerza que los
impulsaba, se revelaba en el lema JA:
Lema: “El amor de Cristo nos constriñe”.
Voto: Por amor al Señor Jesús, prometo tomar parte activa
en la obra de la Sociedad de Jóvenes Adventistas, haciendo cuanto
pueda para ayudar a otros y para terminar la obra del evangelio en todo
el mundo.
Escudo de los JA:
Ángeles con trompetas: El mensaje de los 3 ángeles de Apocalipsis.
Escudo: De forma oval, y va en el centro de la bandera.
Cruz: El amor de Dios y el sacrificio de Jesucristo en favor del pecador.
JA: Jóvenes Adventistas con ideales nobles, que esperan el regreso
de Jesús y comparten su fe al asociarse con otros.
Mundo: Territorio de acción misionera.
En estos tiempos
cambiantes, no perdemos de vista aquellos ideales, porque “no tenemos
nada que temer del futuro, excepto que nos olvidemos de cómo Dios
nos ha conducido en el pasado”.
El blanco JA nunca ha sido más relevante que hoy. La invitación
de nuestros dirigentes de la iglesia es que marchemos unidos para terminar
la obra, llevando el mensaje adventista a cada familia y cada individuo
del mundo. Dios quiere que la generación actual sea la última.
¿Podrá llevarse el mensaje adventista a todo el mundo en esta
generación? De esta manera, el amor de Cristo es motivo de nuestro
interés en otros y nos permite desarrollar un espíritu de
camaradería, como lo hicieron Luther y Harry, hace más de
120 años. Mantengamos delante de nuestra juventud el lema JA, como
nunca antes, y guiémosla a una experiencia personal con Jesús.
La historia del movimiento juvenil de la Iglesia Adventista nos habla hoy
con fuerza y nos presenta un plan de acción. Una iglesia preocupada
por sus jóvenes. Un grupo de jóvenes preocupados por sus compañeros.
¿Qué más necesitamos?
La orden dada en 1893, para “que se organicen grupos en las iglesias
para realizar esta labor”, sigue siendo importante, y debemos cumplirla.
En todas las iglesias debe haber una sociedad JA activa, que supla las necesidades
de los jóvenes en un contexto de compañerismo. El departamento
de Jóvenes de la Asociación/Misión es un banco de recursos
para proveer materiales y programas para la organización juvenil
de cada iglesia, y el director de dicho departamento está llamado
a reunirse con cualquier grupo de jóvenes que quiera recibir consejos
y ayuda para organizar y ejecutar un programa modelo. La División
Interamericana publica la revista oficial Visión Juvenil, que contiene
programas, ideas y recursos apropiados y actuales para apoyar a las necesidades
de las sociedades de jóvenes, con el fin de ayudarlos a desarrollar
eventos y proyectos significativos y edificantes, que permitan hacer nuevos
discípulos de Cristo y ayudar a crecer a los ya existentes.
No obstante, cada grupo de jóvenes, al igual que el primero de Hazelton,
Michigan, debe estudiar sus propias necesidades, y con una convicción
que brote de su amor a Jesús y de la preocupación del uno
por el otro y por los jóvenes de su comunidad, marchar juntos para
desarrollar el mejor plan de acción para el éxito de su Ministerio
Juvenil.
Como voluntarios de cada iglesia local, se sentirán emocionados de
ser llamados misioneros incondicionales, herencia que jamás debieran
perder de vista. Mientras otras denominaciones luchan por tener un Ministerio
Juvenil significativo, los jóvenes adventistas han sido llamados
al reino de Dios para un tiempo como éste. Su organización
y programa de acción les llegó por revelación, por
medio de la Biblia y los escritos inspirados de Elena de White; por lo tanto,
la senda está trazada y nos corresponde seguir las huellas del líder
que las trazó: Cristo, el Señor.
Su destino, como generación de los últimos días, es
glorioso mientras marchan en la línea real de Enoc, Noé, David,
Daniel, Wycliffe, Huss, Jerónimo, Lutero, Tyndale, Knox, Wesley,
Jaime y Elena White. Estos valientes de la antigüedad “y multitudes
más, han dado testimonio del poder de la Palabra de Dios contra el
poder y el proceder humano que apoyan el mal. Estos constituyen la verdadera
nobleza del mundo. Constituyen su realeza. Los jóvenes de hoy día
son llamados a ocupar sus lugares” (La educación, pág.
248).
William Jennings Bryan, famoso y elocuente orador, comentó una vez
que “los frutos más preclaros del tiempo son los que se dan
al final”. Los hijos de Dios, hoy, lo son verdaderamente. Trabajar
con ellos, es la labor más “hermosa” jamás confiada
al ser humano (La educación, pág. 283).